jueves, 28 de enero de 2010


Hay que ver cómo cambia el mundo.
Para nuestros abuelos el hecho de poder hablar a distancia con su fantástico tío de Madrid, aunque fuese llamando desde el teléfono público, con el cual todo el mundo podía oír su conversación, era un verdadero lujo al alcance de pocos.
Luego, con la evolución y la democratización de las tecnologías, sobre todo de las comunicaciones, cada uno podía tener su propia teléfono en el salón de su casa. El famoso ring, ring!! era el ruido que despertaba a los padres de la siesta, y que suena, anunciannte de buenas o malas noticias, repetidamente en series de época, como en Cuéntame.
Fuimos ganando en intimidad, y en los 90 apareció aquel maravilloso aparatito que todos llevamos ahora en algún bolsillo: el móvil. Fue como una epidemia, de las de verdad no como la gripe del pasado año, de la que todos nos contagiamos. Gracias a él (o por su culpa si es en el coche y nos ganamos una multa) podemos hablar con quien queramos desde cualquier rincón del planeta (tranquilos, ya se están probando señales para contactar con los extraterrestres.
Mientras tanto nos hemos ido empleando en poder hablar, aparentemente, sin ningún tipo de aparatito. No más multas, no más enfriarse las manos en invierno al ir con el teléfono en la oreja. ahora, simplemente, parecemos locos al ir hablando por la calle con nosotros mismos, o con el aire, o tal vez con el angelito y el diablo de nuestros hombros. Curiosamente, hemos retrocedido, porque una vez más, como les ocurría a nuestros abuelos que tenían que hablar en plena vía pública, todo el mundo puede enterarse de nuestras conversaciones, simplemente dando un paseo y perdemos nuestra intimidad.

P. D.:Toda esta parrafada me ha venido a la cabeza cuando me he quedado flipando en la calle, pensando que estaba al lado de una neurótica que discutía consigo misma.

domingo, 24 de enero de 2010

Tarde de cine


Ayer por a tarde fui al cine.
Parece que es el típico que plan para una tarde en la que no tienes otra cosa mejor que hacer, y con el que no prendes nada. Pero nos equivocamos: en una tarde pude conocer mejor el mundo que me rodea, tanto por lo que vi durante la pelicula, como durante los minutos previos a ella.

Estaba yo sentada en mi butaca, impaciente, esperando a que empezase la película, o al menos algunos de ésos tráilers tan chulos que echan antes. Pues eso, yo en mi butaca, y de repente se acerca una pareja. A primera vista, una más, pero si te acercabas un poquito (en este caso ellos fueron los que se acercaron), te dabas cuenta de que sufrían una deficiencia mental. como iba diciendo, ellos, tan monos de la mano, se acercaron, preguntando si aquélla era su fila. Les dije que no, que debían subir. Se alejan. Al fin las primeras imágenes en la pantalla. Las luces se apagan, todo el mundo sentado.... Ya van dos anuncios, la publicidad invade las salas, la típica comedia (¿habrán escogido ya todos los momentos graciosos de la película?), las luces están apagadas. Y de repente, abajo, vuelvo a ver a la misma pareja, recorriendo las primeras filas en busca de un sitio para ellos. Todo el mundo sigue tan tranquilo, concentrado en la publicidad (¿qué interés madre mía!). ¿es que nadie los ve a ellos? Necesitan ayuda, holaaaaaaaaa. No me queda otra que levantarme y llevarles, a ciegas, intentando averiguar los números de fila, ya desesperados ya arrepentidos de haber intentado hacer algo "lejos de su alcance", a sus asientos.

¿Es ésa la solidaridad de la que tanto pavonean las otras 500 personas de la sala? ¿es ésa la ayuda a los discapacitados lo que promueven los cines y los establecimientos públicos? ¿Es que ellos no tienen el mismo derecho a integrarse, a hacer las mismas actividades, aunque sea una tarde de cine en la que se supone vas a no hacer nada, a disfrutar de la película (que a las alturas a las que lograron sentarse ya había empezado)?

viernes, 22 de enero de 2010

Jealousy





La jalousie voit tout, excepté ce qui est.


La envidia.


Desde siempre pecado, un sentimiento horrible que mostraba a los demás lo más profundo y rastrero de cada uno, un pensamiento que desde pequeños nos enseñan que nunca debe ni siquiera acercarse a nuestra mente.

Sin embargo, ¿quién no la ha probado nunca?. Es bueno, creo, saber cuáles son tus límites, y ver que en ciertos aspectos jamás podrán alcanzar a los demás.


Lo terrible llega cuando se convierte en un sentimiento que te atormenta y te carcome porque ésa persona tiene aquello que tanto ansías, por lo que serías capaz de darlo todo, por lo que tanto tiempo llevas luchando. En ese momento es cuando te sientes perdido, además de una persona a la que ni tú mismo te acercarías, por ese sentimiento que le mueve:


La envidia.

martes, 19 de enero de 2010

Transformaciones


Hoy me he quedado pensando mirando a mi padre, mientras desayunaba. Me ha venido a la cabeza lo absurda que es a veces la vida: nos transformamos, cambiamos lo que somos para que los demás nos vean sólo "metamorfoseados".
Nos levantamos, con el pelo enmarañado, como si no nos lo hubiésemos lavado desde hace meses, y poco a poco nuestro aspecto va cambiando, hasta tal punto, que parecemos otros , creados a nuestro capricho en unos minutos. Veo al vecino, en calzonzillos, en chanclas, como si el disfraz hubiese desaparecido, incrédulo, tranquilo, creyendo que sigue solo, oculto. ¿Quien podría sospechar que esa bolita con taparrabos es el hombre que tanto te intimida en el ascensor? ¿Ese, cuya corbata perfectamente puesta y alineada con los botones de su chaqueta, acrecenta aún más si cabe ese aire imponente? ¿Ese, cuya simple presencia te empuja irremediablemente a la esquina, protegida por el recoveco entre las dos paredes?
Del mismo modo me hace gracia a algunas bailarinas. LLegan, vestidas de negro, los ojos embadurnados de maquillaje, las botas embarradas, y desde que traspasan la perta del estudio, en unos minutos, son una dulce personilla, envuelta en rosa, calzando unas monísimas puntas, cuando no enfundadas en un tutú de los colores más insospechados.
Cómo me gustaría que todos nos paseásemos por la calle, en bañador, enseñando cómo somos de verdad.

lunes, 18 de enero de 2010


"L'avenir nous tourmente, le passé nous retient, c'est pour ça que le présent nous échappe." G. Flaubert

domingo, 17 de enero de 2010


Enfin. Aquí estoy.

Digamos que por fin parezco estar presente en el mundo. Aunque sólo sea en el mundo virtual que nosotros solitos nos hemos creado, en el que nos encerramos y por el que nos vamos separando de los demás poco a poco, pero inexorablemente... Sin embargo que agraciado es este mundo paralelo, en el que todos tenemos voz, para que a todo el que le interese nos pueda oír.

¿Cómo, si no, iba a estar yo, a la misma altura que el mundo que me rodea?

Me acerco... llego.